
Cada 11 de septiembre se celebra en Argentina el Día del Maestro, una fecha que recuerda a Domingo Faustino Sarmiento, una de las figuras centrales de la historia de la educación del país. La jornada coincide con el aniversario de su fallecimiento, ocurrido en 1888 en Asunción del Paraguay.
Décadas después, en 1943, un grupo de pedagogos de América Latina decidió establecer esa fecha para recordar su figura y reconocer la tarea de los docentes.
Sarmiento, educador desde los 15
Sarmiento fue una de las principales figuras políticas e intelectuales de la Argentina del siglo XIX. Nacido en San Juan, el 15 de febrero de 1811, fue escritor, periodista, docente, político y presidente de la Nación entre 1868 y 1874.
Su relación con la educación comenzó desde muy joven. A los 15 años fundó su primera escuela en San Francisco del Monte de Oro, San Luis, junto con su tío, el sacerdote José de Oro. El lugar: Un rancho humilde prestado, donde enseñó a leer y escribir a personas mayores que él, algunos de hasta 23 años.
Más adelante continuó desarrollando una intensa actividad vinculada con la enseñanza.
Durante su trayectoria impulsó la creación de escuelas y defendió la formación de maestros. En 1842 creó y dirigió la Escuela Normal de Preceptores, considerada la primera institución latinoamericana especializada en la preparación de docentes.
El proyecto educativo de Sarmiento
Para Sarmiento, la educación era una herramienta fundamental para transformar la sociedad. Su pensamiento quedó plasmado, entre otras obras, en “De la educación popular”, publicada en 1849.
También promovió la expansión de la educación pública y la formación de docentes, además de impulsar la creación de escuelas durante su actividad política y su posterior gestión como presidente.
Sarmiento es recordado tradicionalmente como el “padre del aula” por su defensa de la educación y por el impulso que dio a la creación de escuelas y a la formación de maestros.
Aunque durante su presidencia no llegó a sancionarse una ley educativa nacional, buena parte de sus ideas quedaron reflejadas posteriormente en la Ley 1.420, sancionada en 1884, que estableció la educación común, gratuita, obligatoria y laica.





