Femicidios en Argentina RAE ARGENTINA AL MUNDO

De la vanguardia a la conmoción ¿Cuál es la realidad del país?

El femicidio de Úrsula Bahillo, de 18 años, en Rojas, una ciudad de la provincia de Buenos Aires, conmocionó a un país que hace poco más de un mes celebraba ser un país de vanguardia en Latinaomérica en materia de inclusión de género y diversidad, y en protección de derechos de género y diversidades.

¿Qué pasa en Argentina, en el Estado argentino, en la sociedad argentina, que tan de avanzada en celebraciones urbanas por una ley que permite la interrupción del aborto sin ser penalizada pero al mismo tiempo no considera las reiteradas denuncias de una adolescente por la violencia ejercida por su ex pareja, que a todo esto es policía?

Claramente el debate de los feminismos en Argentina se queda corto en las buenas intenciones de un Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad; en una agenda de género y diversidad y en leyes que impulsan derechos adquiridos por años y años de luchas. Luchas que vienen desde los albores de la democracia (en 1983) con cierta visibilidad pública, y que se volvió en movimiento Ni una Menos o la Campaña por el Aborto Seguro Legal y Gratuito.

Úrsula fue hallada muerta a puñaladas y golpes, el lunes a las 20.30 entre unos pastizales en un campo a la altura del paraje Guido Spano, a unos 13 kilómetros de esa localidad del noroeste de la provincia de Buenos Aires.

Úrsula había denunciado en varias oportunidades a su ex por amenazas y violencia de género. Incluso el policía tenía una medida de restricción perimetral que había violado dos días antes del crimen.

El presidente Alberto Fernández dijo hoy miércoles que Argentina no puede permitirse más femicidios. A todo esto, por estos días las amigas de Úrsula publicaron en redes sociales los mensajes y audios de amenazas y violencia física que la joven pasó antes de su homicidio. La ministra de Género, Elizabeth Gómez Alcorta, dijo en una entrevista del diario Página/12 que hay que “hay que ser implacable con cada funcionario y funcionaria que interviene en estos hechos y no los ponen como un problema de primer orden” (https://www.pagina12.com.ar/322913-el-femicidio-de-ursula-bahillo-elizabeth-gomez-alcorta-le-ap)

Cuando Úrsula con su madre fueron a presentar la denuncia este fin de semana, en una comisaría en la que todos conocían a su ex policia, la declaración no fue tomada porque recién se trabajaba en esos temas el lunes.

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Hay dias laborales y no laborales para denunciar la violencia: la física, la institucional, la vertical, la horizontal. Y profundamente: la de clase y la de raza que en Argentina existe aunque a los que la padecen les duele y a los que no, aunque la vean, se niegue en el fervor de la ola verde y la militancia europeizada.

Ürsula fue asesinada de quince puñaladas por su expareja, Matías Ezequiel Martínez, un oficial de la Policía Bonaerense que fue detenido y acusado por el “homicidio calificado por violencia de género”, que prevé una pena de prisión perpetua.

Con el aislamiento provocado por la aparición de la pandemia del Covid 19, las denuncias por maltratos y las muertes de mujeres y niños se cuadriplicaron. Desde ese momento, parte del movimiento feminista de Argentina reclama que se declare la “emergencia en cuestiones familiares y de género” como política de Estado.

Según un informe publicado en el diario Tiempo Argentino (https://www.tiempoar.com.ar/nota/los-femicidios-no-dan-tregua-ya-son-31-victimas-en-2021), “el primer día de 2021, Argentina ya tenía dos mujeres víctimas de femicidio: una en Salta y otra en La Rioja. La cifra se fue acrecentando en forma acelerada tanto que hoy, 7 de febrero hay un femicidio cada 24 horas (…)”.

Mientras, en 45 millones de personas que viven en Argentina, con regiones tan diversas como alejadas muchas de las vanguardias de las luchas feministas pero atravesadas por las desigualdades, aún siguen gritándonos en la cara las ausencias desde todos los sectores que no protegen ni velan ni sostienen un derecho tan básico como universal: el derecho a la vida.

Producción: Silvana Avellaneda