
A tres décadas del trágico accidente que dio origen al mito, la periodista y escritora Graciela Guiñazú, autora de la biografía autorizada Gilda: una vida en imágenes, dialogó con el equipo de Korol en el aire y analizó el extraordinario impacto de la cantante. Para la escritora, la artista transformó la escena musical por su particular identidad y su historia de superación.
Guiñazú destacó cómo la intérprete rompió con todos los cánones estéticos y comerciales establecidos en la movida tropical de la época. "Físicamente no tenía que ver con las cantantes a las que uno estaba acostumbrado a ver, y además me llamaba la atención por las canciones que cantaba, que luego descubrí que componía", describió la periodista.
El fenómeno místico y la devoción popular alrededor de su figura comenzó a gestarse incluso antes de su fallecimiento en la ruta entrerriana. "Lo que ella provocó fue una santificación. Se le empezaron a atribuir ciertos poderes de curación o si creías en ella y rezabas, tenías un alivio", relató Guiñazú sobre la fe que despertaba.
La autora del libro recordó que la trayectoria de Miriam Alejandra Bianchi estuvo marcada por decisiones intuitivas y un deseo profundo en su madurez. "Cuando comienza su carrera, ella ya tenía sus dos hijos, era maestra y mamá... Gilda no era una niña cuando fue por el aviso, ya era una mujer", detalló sobre su biografía.
El anhelo de consagración popular de Gilda se materializó de forma definitiva tras su muerte, conquistando ámbitos que ella misma había proyectado en vida. "Decía en un reportaje que para ella la popularidad iba a llegar el día que sus canciones se escucharan en la cancha", evocó la locutora sobre el sueño cumplido de la artista.
La masificación posterior de su obra musical consolidó himnos eternos que siguen sonando en eventos deportivos de escala global. Para Guiñazú, el fenómeno de sus temas en certámenes internacionales demuestra que "estos artistas son tan distintos, tan únicos, que tienen una forma de pensar que excede al cantante".
La rápida construcción del mito también estuvo apuntalada por el misticismo, la simbología y las peregrinaciones espontáneas de sus fieles. "En la ruta se había elevado un santuario que era algo muy emocionante... las mujeres iban con la coronita de flores y hasta hacían ceremonias de casamientos", rememoró sobre el epicentro de la devoción.
Finalmente, la escritora valoró la corta pero prolífica producción discográfica de la cantante antes de su partida física. "Del 92 que graba su primer disco al 95, graba solamente cuatro discos. Ya el del 97 es un disco póstumo", concluyó Guiñazú sobre el acotado tiempo en el que Gilda construyó su inmortalidad.
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