ENTREVISTA TODO CON AFECTO

“Ruso” Verea: “Daría la mitad de mi piel por un partido más”

A los 12 años, a Norberto Verea le encantaba jugar al fútbol. Grandote, morrudo, el “Ruso” jugaba de 9, pero su físico no lo ayudaba. “Me llevaba todo por delante”, cuenta. Todavía lejos de las inferiores de un club, fue el profesor Campos el que le cambió el rumbo. ‘¿Por qué no va al arco?’, le dijo.

Días después, Verea vio a Hugo Gatti en la cancha de River y tomó una drástica decisión: “El “Loco” Gatti hizo de todo. Y me volví a mi casa, en el auto de mi viejo, con la única misión en mi vida de ser Gatti. No pensé en otra cosa, de ahí en más, que no fuera ser Gatti”.

Comenzó a cuidarse, a entrenar y transformar su cuerpo para lograr su objetivo.

Un año después, a los 13, se fue a probar a Independiente con cuatro compañeros de la secundaria. Al “Ruso” le hicieron siete goles y, cuando se preparaba para irse a su casa, el entrenador lo frenó y le dijo que lo esperaba la próxima semana. Y así, viernes a viernes, moldeó su estilo y pasó de ser el arquero del barrio a entender, según sus palabras, “en qué lugar empieza a transformar toda su vida”.

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Jugó algunos partidos en la Tercera, pero nunca llegó a debutar profesionalmente con la camiseta del Rojo, equipo del que es hincha. “Era muy complicado”, explica. Y es que, en la década del ’70, Independiente era uno de los mejores equipos del mundo y contaba con grandes arqueros entre sus filas.

El “Ruso” fue transferido a Talleres de Remedios de Escalada, club en el que se consagró campeón del Torneo de Primera “C”. Años después, pasó por Chacarita, Argentino de Quilmes y Deportivo Español.

Ya retirado del fútbol, el “Ruso” se preparó para ser director técnico, pero, finalmente, optó por incursionar en el periodismo deportivo. Sin embargo, confiesa, daría “la mitad” de su piel por jugar un partido más.

“Es difícil contar lo que pasa adentro de la cancha. Daría la mitad de mi piel por un partido más”, afirma.

Verea se retiró a 40 años. Tenía ganas de seguir jugando, pero las rodillas le dijeron ‘basta’.