COLUMNA DE OPINIÓN MENDOZA

Raúl Alfonsín y los Derechos Humanos

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Debe haber sido por agosto o setiembre de 1972. Unos pocos dirigentes de la Unión Cívica Radical de San Rafael van a una casa de la Avenida Mitre aledaña a la famosa tienda de Don Juan Sat. Han sido convocados para escuchar a un dirigente bonaerense poco conocido llamado Raúl Alfonsín. Jóvenes entusiastas tratan de convencer a los mayores sobre la capacidad e ideas del visitante que ha sido Diputado Nacional y provincial bonaerense y encabeza un movimiento interno de centro izquierda. Tarea difícil: a la mayoría de los grandes cautiva el pensamiento de centro derecha de Ricardo Balbín. Más allá de las diferencias, unos y otros creen importante escucharlo de cara a la Convención Nacional de octubre y, fundamentalmente, de la interna radical de noviembre.

Ante los Correligionarios, un Alfonsín auténticamente apasionado no escatima críticas a la conducción balbinista. Al final de la alocución, estrecha una a una las manos de los presentes. Por los comentarios posteriores, y más allá del disenso ideológico, hay coincidencia de que el hombre sabe lo que quiere y, algo importante en política, es carismático.

Al igual que en la convención Nacional, los comicios internos arrojan una clara victoria de la fórmula oficialista Balbín-Gamond sobre la Lista Morada integrada por Alfonsín-Storani. De ese modo, Ricardo Balbín se convierte en candidato presidencial por tercera vez en la historia Radical; en el cierre de campaña acuña una frase para la historia:”el que gana gobierna y el que pierde acompaña”.

Ya en 1973, el 11 de marzo, el postulante del Frente Justicialista de Liberación Nacional (Frejuli), Héctor Cámpora, el candidato de Juan Domingo Perón (“Cámpora al gobierno, Perón al poder”), obtiene casi el 50% de los votos contra poco más del 21% de Balbín. En setiembre (segunda vuelta), el caudal electoral peronista creció al 62% mientras Balbín se mantuvo. Raúl Alfonsín fue electo Diputado Nacional por la provincia de Buenos Aires (ya lo había sido durante el gobierno de Arturo Íllia).

Aquellos comicios internos y los generales (resultados al margen) dejaron una certeza: Raúl Alfonsín sería el próximo candidato del partido de Alem e Yrigoyen. Hubo una indeseada demora de 10 años pero el 10 de diciembre de 1983 (el domingo se cumplirán 34 años) asumía la presidencia de la nación.

Aunque el paso del tiempo desdibuje  permitiendo que cada uno relate lo que quiera y como quiera, fueron vitales las acciones del gobierno de Alfonsín para el fortalecimiento de la República y la defensa de los Derechos Humanos ordenando el Juicio a las Juntas. Un dato no menor: todo ello concretado frente al desafiante poder residual de militares encarnados por civiles golpistas que, al final, lo echaron de la presidencia.

Verdaderamente, Raúl Alfonsín fue El Padre de la Democracia.

Por Roberto A. Bravo